martes, 9 de diciembre de 2014

Los negocios sucios de Cristina Kirchner

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El fin de las complicidades acecha al kirchnerismo

 

Por Carlos Pagni LA NACION

La red de corrupción que rodea a las empresas de la Presidenta amenaza con transformar las últimas estrofas del cantar de gesta kirchnerista en una crónica policial muy poco estimulante.

Pero esa degradación estética es sólo una de las consecuencias que desencadenó Claudio Bonadio con el allanamiento de Hotesur. Esa crisis está agravada por algunos rasgos incorregibles de la política oficial.
Una de esas peculiaridades es la vocación por constituir un monopolio de poder. Sólo un líder que soñó reinar durante un cuarto de siglo, como Néstor Kirchner, pudo haber montado un esquema de negocios tan desprolijo como el que está saliendo a la luz. Las revelaciones de Leonardo Fariña y Federico Elaskar sobre tráfico con bolsos de dinero se produjeron, según el programa de alternancia conyugal, durante el que iba a ser el segundo período del "pingüino".

El año que viene gobernaría de nuevo la "pingüina". Y había que contemplar, por lo menos, un mandato más. Iban por todo. Para semejante duración no hacían falta precauciones. Es la única manera de explicar que el contratista al que se le adjudicaba casi toda la obra pública santacruceña suscribiera contratos con los hoteles del gobernador. Y que esas transacciones se extendieran a la escala nacional. Quizás aún no hayan aparecido los capítulos más inquietantes de esta historia. Lázaro Báez tendría hoy dificultades para justificar qué destino tuvieron algunos pagos adelantados por sus trabajos. Sería inconcebible que ese destino haya sido el bolsillo del funcionario que se los asignaba.

Esa ilusión de eternidad, que el fracaso electoral de 2013 vino a disolver, se reforzó con un rasgo de carácter: Néstor Kirchner no podía delegar responsabilidades. Los datos que van apareciendo demuestran que el submundo de los negocios familiares se regía por los mismos criterios que regulan el Gobierno. El más importante, una absoluta desconfianza. También para sus intereses privados Kirchner privilegió la subordinación absoluta por sobre la capacidad. De otro modo, es impensable que la administración de un flujo de dinero cada vez más caudaloso quedara en manos de gerentes tan rudimentarios como Báez o Cristóbal López.

El orden privado se manejó como el público. Sólo el ex presidente conocía el mapa completo de su imperio. Los sótanos del kirchnerismo están poblados de leyendas que remiten unas a otras. Cuando la asistente de Néstor Kirchner, Miriam Quiroga, relató que el secretario privado Daniel Muñoz organizaba el transporte de valijas con billetes de la Casa Rosada a Olivos confirmó sin proponérselo lo que cuentan empresarios del transporte: que los presuntos retornos por los subsidios que recibían debían ponerse en manos de Muñoz o de Ricardo Jaime.

Kirchner ocultaba a su familia muchísimos detalles. Quedó claro durante aquella reunión con López y Báez que su esposa organizó a los pocos días de su fallecimiento y cuya filtración hizo arder Troya. O este episodio, que refieren allegados a la Presidenta y que titubea entre lo real y lo fantástico: días después de la muerte de su esposo, ella fue llevada por dos secretarios hasta el armero del polígono de tiro que Alberto Kohan hizo construir en Olivos, donde le mostraron una pila de bolsos repletos de dinero. La reacción fue cinematográfica: Cristina Kirchner habría ordenado quemar ese tesoro, pero los secretarios, después de consultar con otros herederos, no le habrían hecho caso.

Estas narraciones, que encumbrados peronistas dan por ciertas, ayudan a entender las consecuencias del prematuro deceso de Kirchner sobre la intimidad de su economía. Mucha información sensible quedó en custodia de colaboradores apartados por la viuda, como Muñoz, Jaime o Quiroga. Durante un tiempo, Julio De Vido se encargó de frecuentarlos. Pero también él entró en conflicto. Jaime, por ejemplo, conoce las gestiones que realizó De Vido ante el juez Bonadio, a través del abogado Alfredo Lijo, para que el castigo por la masacre de Once se detuviera en los secretarios de Transporte. La falta de solidaridad puede perjudicar a De Vido. No sólo con Jaime. También con Bonadio. Cuando el juez quiso sensibilizar al ministro, apelando al mismo Lijo, sobre el acoso al que lo sometía el Gobierno, recibió como respuesta un "no puedo hacer nada". No llegó tan lejos como Julián Álvarez, el secretario de Justicia, cuando sentenció que, en el caso del auto adulterado, "Boudou está bien procesado".

El resquebrajamiento de las complicidades hace temer a algunos empresarios que, por falta de templanza o por despecho, algún colaborador de Kirchner se quiebre en tribunales. Por ejemplo: De Vido debería tener algún control sobre Omar "Caballo" Suárez, el sindicalista marítimo cuyo procesamiento podría traer complicaciones. Suárez fue decisivo en la importación de combustibles, acaso el negocio más controvertido que pasó por las manos de De Vido y que terminó poniéndolo bajo sospecha delante de la propia Presidenta.

De Vido fantasea con colocar la gestión de la obra pública, que está en el ojo de la tormenta judicial, bajo el amparo de la Iglesia. Hace una semana, en una entrega de subsidios del programa Enamorar y después de elogiar el encuentro entre el papa Francisco y el patriarca Bartolomeu, explicó que el amor que predican las religiones se contrapone con el odio de los que quieren quebrar la fe del pueblo en Néstor y Cristina Kirchner. Y ese odio, siguió catequizando, se debe a que el Gobierno lleva adelante una renovación similar a la que Jorge Bergoglio puso en marcha en la Iglesia. De Vido llamó a su ensalada "ecumenismo".

El kirchnerismo también está pagando en el terreno penal la ignorancia del contexto global en el que debió moverse. Las políticas antiterroristas y el avance de la informática volvieron mucho más complejas las manualidades con dinero mal habido. Los menemistas, que fueron más sofisticados para la acumulación de su riqueza, se movían en un mundo menos hostil para la corrupción. Kirchner no entendió el cambio de época.

Hay otro filo del "vamos por todo" con el que el Gobierno se lastima: la vocación por arrasar con la prensa y con los jueces. Sólo un gobierno que no tiene conciencia clara de su propio nivel de corrupción emprende esas batallas. Cristina Kirchner mantuvo la incomunicación con el periodismo independiente y, como la escuadra de medios oficiales que montó no tiene rating, su gobierno quedó aislado.

A este desacierto agregó la guerra judicial. La semana que pasó, la Casa Rosada tuvo una mala noticia: el juez Sebastián Casanello, en quien La Cámpora cifraba sus expectativas, se alineó con el resto del fuero federal. En la Secretaría de Justicia esperaban que Casanello activara una vieja causa contra Bonadio. Pero el juez, después de una reunión con un colega, defraudó a sus amigos. Casanello investiga, igual que Bonadio y Javier López Biscayart, las finanzas de Lázaro Báez.

Después de esa entrevista, durante un encuentro más amplio en el edificio de Comodoro Py, los magistrados se conjuraron: "Nuestro límite somos nosotros mismos". Con una autoindulgencia acaso exagerada, estos jueces se llaman a sí mismos "Doce apóstoles". Es curioso que la Presidenta los enfrente cuando más los necesita. La reforma del procedimiento penal se propone debilitarlos. No debería sorprender, entonces, que durante los próximos cuatro meses haya más funcionarios procesados. Ni que lluevan, con un guiño de la Corte, recursos de amparo contra el nuevo código. En ese caso, la reforma procesal correría el riesgo de la ley de medios o la democratización de la Justicia: volverse inaplicable.

Hay otra característica del kirchnerismo que también se pone en juego en esta crisis. La pretensión de diseñar un país binario organizado por conflictos: periodismo militante vs. corpo; justicia legítima vs. justicia tradicional; CGE vs. UIA; Convocatoria Social vs. Foro Convergencia Empresarial, etc. Con esta lógica, a la presunción de una operación de lavado de dinero a través de hoteles familiares se le opone un caso, en apariencia, similar: la divulgación de un mar de datos, en muchos casos falsos, sobre cuentas del HSBC de Suiza.

Pero este avance de la AFIP encontró dificultades. Las irregularidades denunciadas prescriben en enero. Y no fue fácil sacar del medio a López Biscayart, otro juez que investiga la contabilidad de Báez. El responsable penal de la AFIP se negó a recusarlo. Hubo que recurrir al área contencioso administrativa.
Los funcionarios temen por las consecuencias de poner la información fiscal al servicio de disputas políticas. El juez federal Luis Rodríguez ya procesó a tres empleados de la AFIP por haber filtrado a Página 12 información secreta sobre Francisco de Narváez. Fue en 2009, para beneficiar a la lista testimonial de Kirchner, Scioli y Massa. La Cámara confirmó el procesamiento.

A los líderes que dejan el poder las palancas se les comienzan a atascar. La semana pasada hubo otro indicio de que Cristina Kirchner ya no controla todo: entre los que aplaudieron a Scioli en la presentación de su autobiografía de campaña estuvo Carlos Stornelli. Es el fiscal que investiga los movimientos de Hotesur.

domingo, 7 de diciembre de 2014

LOS COSTOS DEL NEOEXPANSIONISMO RUSO


La tormenta económica golpea las calles de la Rusia de Putin

Los efectos de las sanciones y del desplome del precio del crudo llegan a la vida cotidiana


De El País de Madrid.
Pilar Bonet, Moscú, DIC 2014


La tormenta económica golpea las calles de la Rusia de Putin / Reuters-Live / Efe
Los rusos han comenzado a notar el deterioro de la economía. Los comestibles no escasean, pero son mucho más caros y menos diversos que el pasado otoño. En los supermercados de Moscú las naranjas y melones sin datos sobre su origen (lo que es ilegal) han sustituido a los cítricos españoles y las manzanas polacas. Algunos se alegran del retorno de las uvas de Uzbekistán, eclipsadas antes por las italianas, aunque sea a precios de lujo y, a veces, con resabio de pesticida, pero a otros les preocupa que las hortalizas puedan ser de origen chino, lo que equiparan al uso incontrolado de abonos químicos. El trigo sarraceno, un cereal muy popular como desayuno o como guarnición, desapareció de los comercios para volver después a los estantes a precios más caros. Algunas marcas de ropa occidental cierran sus franquicias y la Moscú del lujo y el derroche se ve obligada a contar el dinero.


 
 
 
El bajón en el precio del crudo —la primera fuente de divisas de Rusia— la devaluación del rublo y la geopolítica han alimentado la crisis, pero no son los únicos factores, porque la economía rusa empezó a estancarse antes de la escalada de sanciones y contrasanciones que siguió a la anexión de Crimea y el conflicto en el resto de Ucrania. Hoy las grandes empresas rusas tienen restringido su acceso a los mercados financieros occidentales y los productos alimenticios elaborados en la Unión Europea y otros países fueron vetados por el Gobierno ruso.

El comercio, no obstante, es una caja de sorpresas. En Moscú es difícil encontrar queso parmesano, pero una colega trae, como un trofeo, un paquete de parmesano producido en Lituania y comprado en Tver, una provincia deprimida. Los salmones de litorales prohibidos se cuelan por Bielorrusia y su líder, Alexandr Lukashenko, ha reñido a los altos funcionarios rusos por vetar a su antojo las importaciones de alimentos sin respetar la aduana común (ambos países son miembros de la Unión Aduanera).
Los rusos tendrán que convivir con las sanciones durante años, según Alekséi Kudrin, el exministro de Finanzas de Rusia que hoy dirige una organización denominada Comité de Iniciativas Ciudadanas. Para que la economía se desarrolle en las actuales circunstancias hay que restablecer la confianza en la política y en las instituciones, es decir, democratizar, eliminar el exceso de regulaciones, acabar con el sistema de lobistas privilegiados que, sin querer cambiar, reclaman recursos del Fondo Nacional del Bienestar, ha afirmado Kudrin en un artículo en el periódico Védomosti.

El exministro considera "anormal" que las empresas energéticas pidan ayuda al Estado cuando el petróleo se vende a 80 dólares por barril y advierte de que el Fondo Nacional del Bienestar (especialmente creado para situaciones de emergencia) es limitado. La demanda interna, que crecía a un ritmo del 6,9% anual, se redujo a un 1,3% en 2013, afirma Kudrin, según el cual el estancamiento actual puede durar de tres a cuatro años e incluso más y el rublo, que se devaluó en un 30% frente al dólar desde agosto, no será una divisa de reserva ni siquiera de carácter regional en 20 años como mínimo.


 
 
 
Los pronósticos no son optimistas. El Ministerio de Desarrollo Económico ha rebajado su previsión para 2015 de un crecimiento del 1,2% del PIB a una contracción del 0,8%. Maksim Oreshkin, del Ministerio de Finanzas, ha advertido de que si el precio del crudo baja a 60 dólares por barril, el PIB se reducirá aún más: entre un 3,5% y un 4%, según el servicio económico RBC.
Los rusos atribuyen el empeoramiento de la economía a la caída de los precios del petróleo (45% de los encuestados en un sondeo del centro Levada) y a las sanciones (un 33%) y, en tercer lugar, a los gastos para asimilar Crimea y para apoyar a los independentistas de Donetsk y Lugansk (30%) y, solo después (26%), a la corrupción. Un 80% cree que la situación económica empeorará y un 61% no tiene ahorros. Entre quienes sí los tienen, un 80% los mantiene en rublos (frente a un 7% en dólares y un 3% en euros).

Este año, las compras prenavideñas parecen haber comenzado con anticipación y algunos analistas ven en ello un deseo de librarse de los rublos acumulados antes de que los precios suban más. Pero Rusia no solo importa la ropa y el calzado (un 90%), sino también el 70% de los medicamentos. Para Leonid, un científico retirado con 17.000 rublos (268 euros) de pensión, que gasta 5.000 al mes en medicinas, las perspectivas son inquietantes. No es lo mismo un jubilado o un educador de preescolar (26.452 rublos o 418 euros, de media en Rusia) que un funcionario de la Administración Presidencial, donde el sueldo medio en septiembre era de más de 216.000 rublos (3.415 euros) tras un incremento del 13,8%. Y para que quede claro el contraste, el Ministerio de Desarrollo Económico ha vaticinado un incremento del 1,3% en el sueldo real en Rusia para este año y un descenso del 3,9% para 2015.

Link: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/02/actualidad/1417551886_920730.html

Russian invasion of East-Ukrania




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Russia Solidifies its Military Position in Ukraine

December 2, 2014 | 1000 GMT

Summary

Over the past month, according to observers, Russia has sent more troops and equipment into separatist-held eastern Ukraine. The flow initially decreased after a cease-fire took effect Sept. 5, but now appears to have risen again. Even though the cease-fire has not been completely implemented and skirmishes continue to break out along the front line, the shape and posture of these Russian reinforcements does not necessarily indicate a further escalation of the conflict between Ukrainian forces and separatists. Instead, Russia seems to be consolidating the gains made prior to the cease-fire declaration, securing the separatists' hold on the territory they currently control. There are no indications of an expanded campaign further into Ukraine.

Analysis

Reports show a significant increase in the number of Russian convoys sent into eastern Ukraine's Donbas region between late October and early November. These convoys included armor, mechanized forces, artillery and air defense systems as well as ammunition and supplies. From early November, the convoys have continued, although at a much lower rate.

On the Russian side of the border, forces and supplies continue to travel into the Rostov region — which borders Ukraine — by road, railway and air. Based on local reports and statements by Ukrainian security services, the latest troop movements are a relief in place for existing Russian units, part of a normal rotation of forces. Moscow's attempts to hide direct involvement in eastern Ukraine have also been scaled back. Prior to the Sept. 5 cease-fire agreement, the separatists claimed to have acquired their sophisticated military equipment by capturing it from Ukrainian forces. Now, however, Russia is deploying weapons systems to the Donbas region that have never been part of the Ukrainian military's inventory, showing less and less concern for plausible deniability.

A large portion of the deployments into the Donbas region consist of artillery units. These multiple rocket launchers and howitzers have already been used in the ongoing reciprocal artillery fire between separatist or Russian forces and the Ukrainian military all along the front line. The logistical effort to deploy and resupply these units likely accounts for a significant portion of the continuing convoys of Russian military trucks reported in the area. These artillery units, as well as several armored and infantry formations, have reportedly been deployed mostly around the main cities of Luhansk and Donetsk, as well as further south on the coast of Novoazovsk, not far from where Ukrainian forces continue to man positions around Mariupol.

Image: Common Types of Russian Air Defense Systems
Russia has also deployed a significant number of air defense systems to eastern Ukraine, based on reports from local sources and the Ukrainian security services. Medium-ranged Buk M1-M2 air defense systems covering most of the separatist-held areas as well as shorter ranged systems such as the Pantsir S-1, Osa and Tor clustered around the strategic supply lines running from the Russian border into the main cities of Luhansk and Donetsk combine to create a layered air defense infrastructure that prevents the Ukrainian air force from using its assets over separatist-held areas. Even though the Sept. 5 cease-fire agreement explicitly rules out Ukrainian air operations over separatist held areas, and the Ukrainian military has not attempted any such operations since then, the Russian move to establish this air defense presence indicates strong commitment to defending the separatist-held territory.
The deployment of these air defense systems, as well as the artillery units' capability to prevent the Ukrainian military from massing forces for an attack on the separatist-held areas, seems to serve a mostly defensive objective. However, separatist units continue to fight to expand their territorial hold over smaller areas along certain positions on the frontline. They have continued to encircle and then take over Ukrainian checkpoints in areas near Luhansk, while bitter fighting between both sides continues at the Donetsk airport. The Ukrainian military's positions at Debaltseve, a strategic town that controls the main highway directly connecting Donetsk and Luhansk, have also been contested. As the separatist and Russian forces seek to consolidate their positions there, they may still make significant attempts to seize this location.

Despite this, both sides of the conflict lack significant incentives to return to large-scale combat. Ukraine continues to lack the military power to confront the separatist forces, especially with the Russian military backing them. At the same time, Russia does not want to become more overtly involved in operations that would draw it deeper into Ukraine and make it subject to greater responses from the West, particularly measures such as new sanctions and a NATO buildup. This means Russia will continue to back the separatist forces to maintain the threat of military action as a lever over Kiev.

LA ETERNIZACIÓN DE LA AUTOCRACIA POPULISTA










DICTADURA VESTIDA DE SEDA


La autocracia se consolida en Ecuador




DIARIO EL COMERCIO DE LIMA
La semana pasada, la Corte Constitucional ecuatoriana autorizó al
Congreso enmendar la Carta Magna para que, en lugar de permitir solo
una reelección inmediata, permita la reelección indefinida. 

De aprobarse esta reforma en el Congreso –en el que el oficialismo tiene
una sólida mayoría–, el presidente Rafael Correa, en el poder desde l
2007, podría extender perpetuamente un mandato que se esperaba
venciera el 2017. Y un mandato que, dicho sea de paso, ya había
logrado prorrogar cuando en el 2009 comenzó un nuevo “primer” período
bajo la nueva Constitución que él mismo promovió, lo que le permitió
postular por “segunda” y supuestamente última vez en el 2013.

Lo que parecen olvidar las autoridades ecuatorianas es que prohibir la
reelección indefinida tiene (al igual que prohibir la reelección
inmediata) un sentido: evitar que aparezca un presidente-caudillo que
use su tiempo en el poder para copar todas las instituciones. Un
caudillo que sienta poco probable que venga alguien después de él para
supervisar que haya actuado según la ley, y que crea que el país es su
reino. Uno que se valga de los recursos del aparato estatal para
competir en condiciones desiguales en las urnas. Un caudillo que, en
pocas palabras, se vista de demócrata para instaurar una dictadura.

Los peligros de perpetuarse en el poder son bien demostrados en el
propio caso ecuatoriano, donde todo parece indicar que –aunque
habiéndolo negado antes– el presidente buscará aferrarse al poder, no
contento con los diez años al mando de Ecuador que tendrá en el 2017 y
que viene usando para someter todas las instituciones de su país.

Así tenemos que en Ecuador la independencia del Poder Judicial está
muy lejos de ser una realidad. Recordemos, por ejemplo, que hace
algunos años se reemplazó el Consejo de la Judicatura (órgano
independiente encargado de seleccionar, ascender y destituir a los
jueces) por un “consejo de transición”, integrado –como denunció Human
Rights Watch– por miembros elegidos en la práctica por el propio
Correa. 

La misma organización denunció en su más reciente reporte
anual que el Poder Judicial ecuatoriano ha sido afectado durante años
por la influencia política y ha recordado cómo en diciembre del 2012
observadores de cinco países de América Latina, invitados por el
gobierno, concluyeron que existían anomalías en el proceso de
designación de los magistrados.

Si hablamos del Congreso, por su parte, tenemos que recordar que una
reforma constitucional estableció que el presidente tuviera derecho no
solo a archivar por un año entero cualquier proyecto de ley, sino que
incluso pudiese disolver el Congreso si este obstruyese “el plan
nacional de desarrollo” (lo que se traduce en poder disolverlo cuando
considere más conveniente).

El presidente Correa, además, ha aprovechado su tiempo para asfixiar
uno de los controles más importantes que debe tener toda democracia:
la prensa libre. Así, se aprobó una ley de comunicación que permite al
Estado controlar los medios independientes y que con sanciones y
multas termina restringiendo la libertad de expresión. Asimismo,
durante el gobierno de Correa se han usado las cortes para perseguir a
periodistas opositores, como cuando la justicia ecuatoriana sentenció
a tres directivos y un periodista del diario “El Universo” a tres años
de cárcel y al pago de US$40 millones de multa por publicar una
columna que ofendió a Correa. 

En época electoral, además, el gobierno
ha prohibido convenientemente la publicación de opiniones
“tendenciosas”, lo que no es otra cosa que una forma de acallar a la
crítica. Esto, por supuesto, por solo mencionar algunos puntos de una
interminable lista de medidas, que fueron bien resumidas por un
secretario de Comunicación ecuatoriano cuando, justificando la actitud
oficialista de persecución a la prensa, aseguró: “Un jardinero debe
podar todos los días la mala hierba”.

Es cierto que lo que sucede en Ecuador no es un fenómeno aislado. En
Bolivia, Evo Morales, presidente desde el 2006, acaba de ser
re-reelegido. En Argentina, Cristina Fernández está en el poder desde
el 2007, y se sospecha que podría buscar un tercer mandato. En
Venezuela el chavismo se ha perpetuado en el poder durante más de 15
años. Pertenecer a este grupo, más que un consuelo por pecar en
mayoría, debería ser una señal de alerta para los ecuatorianos.

Ecuador, en fin, haría bien en entender que una reforma constitucional
que permita la reelección indefinida no sería más que el último golpe
a la famélica democracia ecuatoriana: la institucionalización de la
dictadura.



NUESTRA NUEVA PUBLICACIÓN SOBRE EL POPULISMO CONTEMPORÁNEO


cubierta

Título:

Plebe versus ciudadanía

Subtítulo:
A propósito del populismo contemporáneo
 
Autor(es):
 
Bonilla Saus, Javier, ed.; Isern Munne, Pedro, ed.
 
Pie de imprenta:
Buenos Aires: Biblos, c2014
 
Descripción física:
234 p. ; 23 x 16 cm.
 
ISBN:
978-987-691-326-3
 
Resumen:
 
Contiene: Prólogo / Heber Gatto.- Introducción / Javier Bonilla Saus y Pedro Isern Munne.- Para una disección del populismo / Javier Bonilla Saus.- Populismo y la acentuación del momento polémico en (anti)política / Carolina Guerrero.- Una mirada crítica al populismo de Laclau. Del hostis al inimicus: de la democracia radical al autoritarismo popular / Jonathan Arriola.- La visión de James M. Buchanan y una crítica de la lógica populista / Alejandra M. Salinas.- ¿A qué nos referimos cuando hablamos de populismo? / Francisco Panizza.- Ingreso medio, instituciones mediocres y tres procesos populistas en la Argentina contemporánea / Pedro Isern Munne.- Los intelectuales y el populismo. Reflexiones en torno a los casos Cárdenas, Vargas y Perón / Flavia Fiorucci.- El fenómeno populista en Estados Unidos / Germán Clulow.-
 
Título serie:
Pensamiento social
 
Ubicación física:
720.98 / BON
 
Tipo de material:
[Material Impreso]
 
 
 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Putin´s Kleptocracy


Band of brothers

An academic investigation into the networks that control Russia



Putin’s Kleptocracy: Who Owns Russia?
By Karen Dawisha. Simon and Schuster; 445 pages; $30.

“PUTIN, thief! Putin, thief!” chanted the protesters who marched through Moscow as Vladimir Putin sought his third term as president. Since then the rallies have ended. Russia’s swift annexation of Crimea and its subsequent proxy-war in the south-east of Ukraine have turned Mr Putin into a national hero in the eyes of many Russians, including some former protesters. But they have also led to Western sanctions against Mr Putin’s cronies, and focused attention once more on the issue of theft and corruption, which is the subject of a new book by Karen Dawisha, a political scientist at Miami University in Oxford, Ohio.

“Putin’s Kleptocracy” is a who’s who of the people on the sanctions lists drawn up by America and the EU. It is also a guide to the crony capitalism that grew out of the nexus of Mr Putin’s plutocratic interests, his shady past and authoritarian rule.

When Mr Putin became president he was seen as a pro-Western, economic liberal. He pledged to clamp down on the oligarchs who wielded power in the 1990s, and to restore the role of the state as chief arbiter. Instead, Ms Dawisha writes, he transformed “an oligarchy independent of and more powerful than the state into a corporatist structure in which oligarchs served at the pleasure of state officials, who themselves gained and exercised economic control…both for the state and for themselves.” The result is that 110 individuals control 35% of Russia’s wealth, according to Ms Dawisha.

The buccaneering oligarchs who em-erged in the 1990s were bright, self-made men who ruthlessly exploited every opportunity offered by the transition economy. Mr Putin’s cohort is different. Most of them are secretive, unremarkable, grey men, with backgrounds in the security services. They prospered, not by building new businesses, but by suffocating existing ones and picking up the pieces or sucking money out of the state.

In the mid-1990s Yegor Gaidar, the architect of Russian market reforms, feared that the repressive Soviet bureaucracy could morph into a mafia system. “A union between mafia and [bureaucratic] corruption can create a monster which has no equivalent in Russian history—an all-powerful mafia state, a real octopus,” he wrote in 1994. A decade later Gaidar’s concern began to turn into reality. Ms Dawisha’s book describes the fusion between the secret police, the mafia and the oligarchs with tentacles that stretch into almost every aspect of life in Russia and beyond.

Ms Dawisha traces their influence to the last days of the Soviet empire, when the KGB was put in charge of the Communist party’s foreign bank accounts and set up joint ventures with Western firms. When the party collapsed the KGB knew where the money was. In the late 1980s Mr Putin was a junior officer. By 1990 he was formally in charge of external trade relationships in the office of the mayor of St Petersburg. In practice, this meant he was part of all trade deals with foreigners.

When Mr Putin moved to Moscow, serving in the Kremlin’s administration and then as the head of the FSB, the KGB’s successor, before becoming prime minister and then president, his friends followed. Mr Putin relied on former associates to help run the country. Some have become billionaires controlling the distribution of the oil rents. Mr Putin also exploited the traditional links between the KGB and organised crime.

Ms Dawisha points her finger at many. Cambridge University Press was so frightened of her accusations that it decided earlier this year not to publish the book for fear of being sued. (It was subsequently bought by Simon and Schuster, but is being brought out only in America.) British libel laws have no doubt contributed to a sense of intimidation. Russian oligarchs have been able to take advantage of them, but may find that harder now that many appear on a sanctions list and are unable to travel to Europe and America. In 2009 The Economist settled a libel action, which Ms Dawisha refers to in her book. It was brought by Gennady Timchenko, a former owner of Gunvor, a commodities-trading firm. He is on the American sanctions list.

Ms Dawisha’s work is largely based on open sources, chiefly investigations by Russian and foreign journalists and published in Russian newspapers, journals and books. The problem with this approach is that without being able to verify these sources, Ms Dawisha makes herself vulnerable to the same ills that have beset the Russian media: supposition, conspiracy and statements based on assumptions and circumstantial evidence rather than documentation. It is impossible to judge how much of this can be proved.

The overall thesis of Ms Dawisha’s book is that Mr Putin’s advance to power was not accidental but part of a pre-meditated plan. Furthermore, the system that has emerged in Russia was created by a group of men who followed Mr Putin. “The group did not get lost on the path to democracy,” she writes. “They never took that path.” But hindsight can be misleading. Ms Dawisha imposes her view of today’s Russia on to the time when Mr Putin came to power. In fact, Russia’s descent into the corporatist, nationalist state that it has now become was by no means predetermined.

In a pluralistic state, the scandalous, ugly stories about Mr Putin and his associates would bring down the government. In Russia they have had little effect. Part of the reason lies in the Kremlin’s control of television, the main source of information for most Russians. The vast increase in incomes, particularly in large cities, has also made people more tolerant of corruption. It was not just Mr Putin’s cronies who benefited from the rising oil prices. So did those who voted for him. Russia’s aggression in Ukraine and the propaganda that accompanied it struck a chord with people keen for an imperial resurgence. But as the economy slows down and real incomes start to fall, the focus may shift back to the issue that sparked the protest in 2011. If so, the stories that Ms Dawisha tells may start to resonate more loudly.

Original Link: http://www.economist.com/news/books-and-arts/21633785-academic-investigation-networks-control-russia-band-brothers?fsrc=email_to_a_friend